SAN JUAN BAGILEKO, DENBORA EDERREKO...

Con esta frase comienza uno de los conjuros que en la víspera de San Juan se canta en la zona de Bizkaia, mientras arden las hogueras en caseríos y calles:

San Juan bagileko

denpora ederreko,

artoak eta gariak kaxan gordeteko

zapoak eta sugeak surtan erreteko.

Gora san Juan!

(San Juan en junio / en hermoso tiempo, / para guardar el maíz y el trigo en el arcón / quemar los sapos y las culebras al fuego / ¡Viva San Juan!).

Aunque el verano propiamente dicho comienza el 21 de junio, la llegada del solsticio, tradicionalmente se ha celebrado la víspera de San Juan, el 23 de dicho mes. A tal fecha corresponde el día más largo del año, y por tanto, también la noche más corta.

Se trata de una festividad arraigada en la cultura cristiana, pero su origen es pagano, y hoy en día, aún perduran en toda Europa muchas creencias, tradiciones y ritos ancestrales.

La festividad de San Juan está ligada al sol. Este astro, al igual que el fuego, nos ofrece luz y calor, por ello ambos están unidos en estos ritos. Antaño se creía que el 24 de junio el sol aparecía danzando en el horizonte, por ello la gente subía a los montes para ver amanecer.

Podemos decir que el rito más extendido y conocido es la fogata de San Juan, es el símbolo más representativo de la fiesta. Tanto en tiempos pasados como hoy en día, se encienden hogueras en las plazas, barrios, caseríos, campos y cruces de camino. Alrededor de ellas se congrega numeroso público, y en las localidades más rurales, todavía hoy en día, pueden oírse estos conjuros: “San Juan, San Juan berde, artoa eta garia gorde, txantxikuak eta zapoak erre. Biba San Juan berde!” (San Juan, San Juan verde, protege maizales y trigales, quema sapos parteros y sapos comunes. ¡Viva San Juan verde!).

En algunas localidades los recitados son más extensos. Este que presentamos a continuación se ha recogido en Nabarniz:

Doniñe moniñe,

bezpera gabean,

abadeak hasarratu zirean,

ez eben besterik egiten,

alkarreri musturrak hausiten.

Artoak eta gariak ondo-ondo gorde,

sorgiñak eta laminak ondo erre.

(En la noche de la víspera / de Doniñe moniñe (San Juan) / se enfadaron los curas / y no hacían otra cosa / que romperse los morros los unos a los otros. / El trigo y el maíz guardarlos bien / a las brujas y a las lamias quemarlas bien).

El fuego de San Juan tiene la virtud de purificar y proteger a las personas de las enfermedades de la piel. Por eso, los más atrevidos, saltan por encima de las llamas para conseguir tal protección. Incluso a los animales de la casa se les hacía pasar por encima de las cenizas, para que estuviesen libres de cualquier mal. También recorrían los campos sosteniendo la leña que estaba ardiendo y pedían que el fuego los alejara de ladrones, brujerías o cualquier alimaña.

Otros ritos están relacionados con el agua y las plantas. Las aguas de fuentes, riachuelos, incluso el rocío de la mañana, tenían propiedades especiales durante el solsticio, tanto en el de verano como en el de invierno. Por ello, el día San Juan ha sido común en toda Euskal Herria, tomar baños de rocío al amanecer, andando descalzos sobre la hierba, o incluso desnudos en los campos de trigo. También se limpiaban la cara, las manos y los pies en los ríos o fuentes. Así se preservaban para todo el año de las enfermedades cutáneas. Por otro lado, en la zona navarra, la víspera de San Juan, las mujeres estériles acudían a las fuentes, bebían agua y frotaban la barriga contra las piedras de la fuente con la esperanza de quedarse embarazadas.

Las plantas y árboles también tienen especial importancia en estas celebraciones. El fresno y el espino albar han sido las más utilizadas. Por la mañana temprano, antes de amanecer, se cortaban las ramas de dichas plantas y se colocaban a ambos lados de las puertas de entrada, en el balcón, en las fuentes, huertas y campos, para protegerse de tormentas y rayos. Estas ramas se mantenían durante todo el año, y se quemaban en la hoguera del año siguiente. Esta tradición sigue vigente en muchas localidades.

En Navarra, ha sido más común colocar la flor de cardo, eguzki-lorea, ya que representa al sol. Esta planta es un amuleto contra brujas y malos espíritus; también se utiliza para preservar al ganado de cualquier mal.

En este apartado de las plantas, hay que destacar el ramillete de San Juan, Doniane kargea. La víspera, a primera hora, cuando las plantas aún estaban húmedas con el rocío, se preparaba un ramillete con las más hermosas de los alrededores; tanto silvestres, como las cultivadas en casa: hierbas variadas, helechos, flores (flores de San Juan, rosas, claveles...), espigas de trigo, plantas de maíz, cabezas de ajo, cebollas, ramas de manzano, etc. Al día siguiente, las señoras de la casa, acudían a misa con su ramo para bendecirlo. De vuelta a casa lo ponían a secar en el camarote. Cuando había tormenta, cogían varias plantas del ramillete y las echaban al fuego, para protegerse del rayo. Las que no se usaban, se quemaban en la sanjuanada del siguiente año.

Los árboles también se utilizan en estos ritos. En muchos pueblos, los jóvenes se reúnen y colocan en la mitad de la plaza o delante de la iglesia, el tronco de un árbol al que quitan las ramas, donilatxa. La parte superior del tronco se adorna con flores y hortalizas y en algunos casos también colocan un monigote de trapo relleno de paja o la ikurriña. Este tronco en algunas localidades se quema, y en otras permanece en la plaza durante largo tiempo. Este rito comienza en el mes de mayo, y en muchos casos está unido a las fiestas patronales. 

 

Artículo y fotos: Labayru Fundazioa

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