Miel

La miel, el néctar que endulza el invierno

El origen de la apicultura se pierde en la noche de los tiempos, y sin embargo el proceso artesanal de elaboración de la miel no ha cambiado demasiado en este tiempo. Los productores de nuestra tierra se afanan cada año para traer hasta nuestras casas este producto que solemos asociar con el invierno, cuando resulta especialmente apetecible tomar un café endulzado con un buen chorro de miel o degustar unas tostadas garabateadas con este ámbar delicioso. Además, aunque su uso no sea tan popular en otros platos, también puede emplearse para acompañar quesos o como ingrediente de vinagretas y salsas.

La miel es un producto elaborado por las abejas a partir del néctar de las flores. Por tanto, su aroma, su sabor y su textura están determinados por la flora del lugar en el que están situadas las colmenas. Debido a esta íntima unión entre el producto y su entorno, cada cosecha es única porque cuenta con matices que la diferencian de las de otras épocas y otros territorios.

Un tipo de miel muy valorada es la que tiene su origen en la flor del brezo, un arbusto que este año ha crecido muy poco debido a las escasas lluvias. Según cuenta el productor Garikoitz Llona, apenas ha podido elaborar este tipo de miel en la última cosecha.

Este año su producción es de miel multiflora. "Predominan las flores de pradera: dientes de león, trébol blanco, flores de acacia y de zarza, sobre todo", revela. Esta mezcla da como resultado una miel matizada, equilibrada y de un color ámbar neutro.

Su marca, 'Urikoa', está reconocida con el sello Eusko Label y se realiza de manera tradicional. ¿Hay mucha diferencia entre su producto y uno elaborado con técnicas industriales? "La diferencia es enorme", responde, "no hay más que probar una miel artesanal para darse cuenta de lo distinta que es respecto a las marcas comerciales".

Llona tiene siete colmenas repartidas entre Larrauri, Artxanda, Muxika y Amorebieta, en las que produce mieles de eucalipto y milflores, principalmente. En verano suele llevar una parte de sus colmenas al norte de Burgos buscando la flor del brezo.

Garikoitz ha sucedido al frente del proyecto a su padre, Valentín, que se aficionó a la apicultura por casualidad. Hace años, durante un periodo de convalecencia, cayó en sus manos un libro de apicultura en ese instante le picó el veneno de este oficio que ha transmitido después a su hijo.

Pese a que la vocación le estimula, a Garikoitz no le ha tocado en suerte una época sencilla. A las escasas precipitaciones que este año han provocado una menor floración, se ha unido una poderosa amenaza: la avispa asiática o vespa velutina.

Esta especie invasora, que llegó hace algunos años a nuestras tierras, es un depredador de las abejas autóctonas que está diezmando sus poblaciones y amenaza con poner las cosas muy difíciles para los apicultores. Los pequeños productores esperan que los consumidores les ayuden a superar este trago amargo.

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